La formación de Atenas ante Sarmiento de La Banda. De izquierda a derecha, arriba: Mainero, Pérez, Arcando, Duco, Rivadero y Mansilla. Abajo: Castro, Quiroga, Guzmán, Bergalli y Vera.

“¡Qué lo parió, Atenas!”

La frase de un hincha del Albo es un resumen de lo que se vivió en la eliminación del equipo del Federal A ante Sarmiento de La Banda. Fue la mejor noche de fútbol del año.

“Hay quienes se pasan la vida buscando un golpe de suerte, un tiro certero, una mujer, un caso, una señal… algo que les permita intuir si hay traición, si hay estafa o si la venganza llegará hoy”, dice Santana (Diego Peretti) en la película La Señal, respecto de cómo los seres humanos buscamos signos que nos permitan vislumbrar que es lo que se viene. Algo así les pasó a los presentes el domingo en el estadio 9 de Julio, cuando en el mismo momento en el que Matías Rosales concretaba el tercer gol de Atenas, el de la remontada, el viento creció en intensidad y hubo un bajón de luz. Quienes allí estábamos creímos que lo que vendría sería una noche épica. Una de esas en las que las crónicas se gastan en adjetivos superlativos. Pero el guiño, no era para los riocuartenses, sino para los trece simpatizantes de Sarmiento de La Banda, que en ese momento padecían en la tribuna que da a las canchas de tenis. Ese fue el inicio de media hora vértigo. Treinta minutos de fútbol en estado puro, en el que Atenas se quedó a un paso de concretar una voltereta que sería recordada por mucho tiempo. Seis goles, incertidumbre, expulsiones, errores arbitrales y un equipo que ganó 4 a 2 y terminó eliminado, fue el combo que nos regaló una de las mejores noches futbolísticas del año en Río Cuarto.

Casi nada de lo que pasó en los primeros 60 minutos del partido anticipó lo que se vendría. La única acción llamativa acaeció a los 38 segundos de juego. Mainero le robó la pelota a un dormido arquero visitante y despertó a todo el estadio de esa resignación con la que se vivió la previa del partido. Pero fue solo eso, la espuma subió de golpe y bajó casi con la misma velocidad.

Cuando todas las cabezas apuntaban al cielo, Oballes marcó el segundo gol de Atenas y las miradas se alejaron de las nubes. Empezó a cambiar el viento. El frío que anuncia una tormenta se hizo presente. En ese momento, cuando las camperas dominaban el mapa de la tribuna, Rosales aprovechó el pivoteo de Mainero para convertir el tercer gol. El mercedino entró al área en la posición del antiguo inside derecho y le pegó a la pelota con el empeine del botín zurdo. La esfera viajó en el aire con comba hacia afuera y se clavó contra el palo derecho del arquero santiagueño. Ni bien la pelota tocó la red, bajó la tensión eléctrica y las torres de iluminación perdieron potencia. Entre un tanto y otro pasaron cuatro minutos. Resignación, expectativa y algarabía en 240 segundos.

Entre los festejos, pocos notaron un detalle: el tiempo. Colgados del alambre, revoleando camperas, abrazados, con la garganta rota, los hinchas de Atenas tardaron en percatarse de que todavía faltaba mucho de juego. No ayudó a la sensatez que el capitán de los santiagueños le aplicara un sonoro chirlo en la cara a Rosales y viera la roja. Con uno más y la concretada la remontada, se desató la fiesta. Otra vez, fuera de contexto, el fútbol tiró otro chiste. Un centro pasado cayó al área del Albo, un delantero santiagueño bajó la pelota al medio y Agustín Arcando se llevó puesta. Gol en contra y otra vez a remontar. Fue 13 minutos después del gol de Rosales y faltaban nueve para el final.

No hubo tiempo para que la emoción se apagara del todo. Por qué cuatro minutos después del descuento, Rosales ejecutó perfecto un tiro libre, por afuera de la barrera y volvió a poner al Albo arriba en el global. Otra vez la tribuna se entregó al desenfreno. En esta oportunidad con la certeza de que ya estaba. No había forma que la serie cambiara de mano. El guion estaba perfecto escrito así. Pero (sí, este es el partido de los “peros”) en la película del partido, estaba dictado que el ganador fuera Sarmiento. Quedaban dos minutos de los ocho que había adicionado el árbitro Enzo Gutiérrez, una pelota voló por las proximidades del área local. Un hombre de Sarmiento la encontró en la medialuna y la revoleó hacia el área chica. Allí, en clara posición adelantada, estaba Adrián Toloza. El delantero cargó la barra de potencia ante la atónita mirada de todo el 9 de Julio y fusiló a Franco Pérez.

El silencio propio del vacío se apoderó de la cancha. Sólo lo cortaban los alaridos de ellos jugadores de Sarmiento y los de los 13 allegados del plantel santiagueño que -en cuero- gozaban en la tribuna que da a calle Cabrera.   

“¡Que lo parió, Atenas!”, le dijo al autor de estas líneas un hincha de Atenas al dejar la cancha. La frase resume el final del partido. Desde las tribunas bajó el consuelo en forma de aplauso. El plantel, herido por la crueldad que el fútbol tiene a veces, recibió el mejor premio que puede dar el fútbol: el reconocimiento de la gente. Dolorosa, la caída fue también honrosa, como lo fue toda esta temporada para un plantel que soportó avatares que no tuvieron que ver con lo futbolístico. Pese a la derrota, el final de Atenas en el Federal A 2026 fue épico.

 

Del Autor  

Foto: Brunella Debernardi.