El realismo mágico del fútbol de Río Cuarto

Estudiantes y Atenas navegan historias difíciles de explicar desde la lógica. Relatos dignos de la literatura latinoamericana siglo XX, en las que se naturaliza lo inesperado

“Mi salida es por motivos económicos”, expone Gastón Leva respecto de su adiós a Atenas. Hace una pausa, se acomoda en el sillón de cuerina negra del estudio de LV16 y el silencio que sigue sirve de cierre a las razones por las que ya no dirigirá al Albo. “A lo largo del año nunca pudimos hacer pie y nos pasó lo que no queríamos”, dice Gonzalo Maffini, con el mal trago del descenso en la boca. Minutos antes, River le picó a Estudiantes el boleto de regreso a la Primera Nacional.

Dos escenas para pintar el cuadro del fútbol riocuartense en el 2026. Por lo menos, el de sus dos representantes principales. Atenas aparece entreverado en una campaña pírrica en la que alcanzó su mejor resultado en el Federal A, a cuesta de quedar en rojo desde lo económico. Estudiantes, sufriendo una tragedia griega en cada partido de su travesía en la Liga Profesional. En vez de disfrutar un acontecimiento que se anticipaba como histórico, los hinchas del Celeste padecieron. La ilusión -a decir de Joaquín Sabina- duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks.

“El fútbol de Río Cuarto es una ficción”, manifestó un colega de quien escribe estas líneas hace un año atrás, una noche de cervezas en un bar céntrico de la ciudad. Aquel octubre, invitaba más que este a sentarse a debatir alrededor de una mesa al aire libre. Eran tiempos en los que el ascenso de Estudiantes empezaba a dar vueltas en el aire y Atenas, con un plantel reducido, sorprendía en el Federal A. “Es de realismo mágico”, aclaró otro de los integrantes de la tertulia primaveral.

Naturalizar lo insólito, de eso se trata el realismo mágico. En esta corriente literaria surgida en Latinoamérica en el siglo XX, lo fantástico ocurre con total normalidad. Así, una lluvia de flores amarillas cubre los techos de Macondo, una mujer levita y anticipa el futuro en una hacienda de Chile, vivos y muertos comparten la cotidianeidad de Comala, un equipo hace debutar en primera a un streamer que no hizo inferiores y otro recibe un trofeo por un torneo que aparece por sorpresa, el presidente de una asociación de fútbol multiplica torneos como lo hizo con los panes cierto profeta, un cuadro asciende a primera con su presidente recién salido de la cárcel y su rival de toda la vida hace una campaña histórica adeudando sueldos durante cinco meses.

“¿Cómo llegó este equipo a primera división?”, se pregunta desde su “porteñocentrismo”, un streamer que hace de periodista. El equipo es Estudiantes y la pregunta tiene su argumento. Desde los números, el descenso era más probable que el ascenso. Desde la lógica, es difícil de entender que un equipo con cuatro mil y pico de socios, de una ciudad de 200 mil habitantes del interior del interior pueda competir en una liga con rivales que provienen de capitales de provincia o de la capital federal. Sarmiento de Junín aparece como una excepción a esa tendencia, que marca que los equipos de localidades intermedias de tierra adentro, no tienen la capacidad económica para sostenerse en primera. En un país centralista, Dios atiende en Buenos Aires y, a lo sumo, en las capitales de provincia.

Que Estudiantes haya conseguido ascender en ese contexto ya suena peculiar. Qué lo haya hecho con su principal gestor económico y político detenido en el penal de Bower durante buena parte de esa campaña, se explica sólo desde lo futbolístico. Un grupo de jugadores y un cuerpo técnico que construyó un equipo que ganó el reducido con justicia. Pero eso no bastó para quedarse en primera. Había que fortalecer el plantel y no se pudo o no se supo. Con pocos fondos se debe agudizar el scouting y eso tampoco sucedió. En el Clausura, ya sin Alicio Dagatti, la suerte estaba echada. El descenso estaba tan anunciado que ni repercusiones tuvo.

“¿Cómo se explica que un equipo que adeuda salarios desde mayo esté peleando por el ascenso?”, pregunta un colega bahiense al autor de estas líneas, en la previa del duelo entre Atenas y Olimpo. El interrogante tiene una respuesta más épica que lógica. Cuerpo técnico y jugadores aunados contra la adversidad sacan lo mejor de sí y consiguen más de lo que el contexto indicaría que pueden lograr. Pero el romance en algún momento se termina y la realidad se impone. Atenas se comprometió en una empresa para la cuál no contaba con los recursos. Si no puede sostenerse desde lo financiero en una categoría semiprofesional ¿Cómo se las ingeniaría para mantenerse en una profesional como la Primera Nacional?.

En el fútbol argentino un grupo de equipos sostiene su estatus en argumentos como su popularidad (cantidad de socios/hinchas) y su trayectoria. Otros usan de base los fondos estatales de gobiernos provinciales o municipales. Unos pocos se asientan en un empresariado industrial regional que contribuye por distintos motivos. Algunos poseen mecenas que los gestionan como si fuesen sus empresas. Esa es, quizás, la base más endeble de todas. Cuando el empresario se va, todo se esfuma.

En Río Cuarto esas características no abundan. Ni Estudiantes ni Atenas rebalsan de socios, la municipalidad no tiene “la caja” que se necesita para sostenerlos y no es una región que se caracterice por su industria. Quedan los mecenas y allí está el caso Dagatti.    

En esa novela de realismo mágico navegan los equipos de Río Cuarto. Sostienen castillos sobre bases inestables. Cuentan historias de épica que maquillan crudas realidades.

 

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