La palabra elecciones empezó a dar vueltas por el Candini después de más de una década y su sola presencia generó más incertidumbre que el futuro futbolístico de un Estudiantes que acumula derrotas
Ojos perdidos en la nada, cabezas bajas y resoplidos. Esos gestos invadían la tribuna techada del Candini el viernes pasado tras una nueva derrota de Estudiantes. Cuando el árbitro Herrera decretó el final del partido ante Central, no hubo insultos para los jugadores. Los improperios son síntoma de bronca. Es el enojo que brota por aquello que no se hizo bien. No era eso lo que se respiraba en el Candini. El ambiente era de resignación. Los rostros reflejaban la antesala de lo inevitable.
No hay que ser demasiado despierto para entender que eso que se presiente como irrevocable es el descenso. Pero si se corre el humo que genera esa palabra que suena a bomba, aparecen motivos menos superficiales. La sensación es que se puede terminar una era. Se trata de la resignación ante lo que parece el final de un ciclo que le dio a Estudiantes un protagonismo que no tenía desde 40 años.
Las elecciones son el procedimiento por el cual los integrantes de una agrupación deciden quien va a conducirla. Es una herramienta que permite organizar el rumbo del grupo, sin que se produzcan peleas y nadie quiera ser el líder de por vida. Esa palabra empezó a circular en por la avenida España unos días antes del partido ante Rosario Central. En la marquesina la puso la propia dirigencia del club. La comisión que conduce Alicio Dagatti anunció el llamado y abrió la puerta a la posibilidad de un cambio, que ahora se prevé como inevitable. Gane quien gane los comicios.
Aunque más antiguas, las elecciones se convirtieron en un elemento central para el funcionamiento de eso que llamamos democracia. La democracia es ese sistema de gobierno que se inventó en la antigüa Atenas en el siglo VI a.C. y hoy es el más difundido entre las dos centenas de Estados-Nación que pululan por el mundo. De los 8.000 millones de personas que habitan el mundo, se calcula que unos 2.500 millones gozan en plenitud de sus garantías democráticas. Con sus idas, vueltas y características espaciotemporales particulares, se trata de un modelo en el que la mayoría de los integrantes de un grupo, haciendo uso de sus derechos, delegan en algunos los instrumentos para ejercer el gobierno (y el poder). En el caso de los clubes, los socios seleccionan a algunos de sus pares para que conformen la comisión directiva.
Se dice que una democracia sana es aquella en la que se produce un recambio entre aquellos que ocupan los puestos de gobierno. Es decir, es común que haya elecciones y no debería ser problemático estar en la antesala de una. Entonces ¿Por qué en Estudiantes causa turbulencia la posibilidad de un recambio dirigencial? Por mucho que este difundida, la democracia tiene sus bemoles. Aunque muchos lo “haiteen” por las razones equivocadas, el sistema inventado por los atenienses tiene detalles. Por ejemplo la pasividad que genera su carácter delegativo.
En algunas democracias -sobre todo las de algunos clubes argentinos- la gente tiende a delegar demasiado. En las asociaciones sin fines de lucro, donde no se cobra por ocupar cargos, no hay tantas personas interesadas en ser autoridad. Hay una tendencia a entregar el mando a quien tiene ganas de mandar. Ni hablar si las cosas funcionan bien. Algo de eso pasó en Estudiantes en estos once años y pico. Los socios le dieron el mandato a Dagatti en 2015 y después la participación menguó. Los resultados -sobre todo en el fútbol- fueron favorables y con eso bastó para que una gran parte de los socios delegara todo en el presidente.
Mientras las noticias fluyeron por la senda del triunfo, nadie se inquietó porqué Dagatti centralizara todas las decisiones. Hasta se dejó pasar que durante su detención todo quedara en manos de su hijo. Durante once años el actual presidente acumuló poder por sus propios medios, pero también porqué ningún otro socio o agrupación levantó la mano.
No está muy claro si el actual presidente se presentará otra vez, si habrá una lista de unidad conformada por actuales integrantes de la comisión directiva o si se abrirá una compulsa electoral. La última vez que hubo elecciones con dos listas en Estudiantes fue el 31 de marzo de 2015. Dagatti, candidato de la agrupación “Mundo Celeste” le ganó a Martín Carranza (“Pasión Celeste”) por 328 votos de diferencia (388 a 60). Votó el 58% del padrón. Antecedentes de elecciones con dos listas en otros clubes importantes de la ciudad no sobran en los últimos años. En Atenas hay que irse al 27 de mayo de 2016, cuando Nancy Rama venció a Ezequiel Palma. Después, siempre hubo listas de unidad o acuerdos en asambleas.
La resignación del viernes en el Candini parece ir mucho más allá de la posibilidad de un descenso. Es la premonición de un posible cambio de época. La idea de que ya no estará (o puede irse) esa figura en la que se descansaba. Ese que era el responsable de todo lo bueno (y ahora lo malo) que pasa en el club. La sensación de que habrá que dejar la comodidad de que otro decida y hacerse cargo. O al menos, tomarse el trabajo de delegar en otros la dirección del club por algún tiempo.
Del Autor