De Paul y Chiqui Tapia

El deporte es política

Por mucho que los integrantes de la Scaloneta quieran escaparse, no hay lugar adonde ir. La política está en todas partes. No nombrarla y solo jugar al fútbol, también es una forma de llevarla cabo

“Yo quiero dejar muy en claro que nosotros somos jugadores de fútbol que venimos a defender a nuestro país, no a hacer política. Nos damos cuenta de que eso se mezcla”, declaró Rodrigo De Paul, emblema de la selección. La primera oración de la declaración no sorprende. Este plantel ha hecho un culto de no meterse en discusiones ajenas a lo futbolístico. La segunda parece una contrariedad. Si hay conciencia que como se mezclan la política y el fútbol, también se tiene noción de que no se puede no hacer política.

Cuando De Paul lanzó esa frase, se hoyó un quejido desde los Campos Elíseos del Inframundo griego. Aristóteles se palmeó la cabeza sin poder creer lo que escuchó. El filósofo es uno de los pensadores clásicos de la cultura occidental. Una de sus premisas de cabecera es que el hombre es un animal político.

Es esta cualidad política la que diferencia a las personas del resto de los animales. Cómo seres sociales y racionales, el ser humano tiende a vivir en comunidad. Necesita del otro. Para poder convivir en esa necesidad, es vital la política. Está, entendida como un conjunto de principios y decisiones que permiten el desarrollo de una comunidad. La política es algo inherente al ser y está presente en cada uno de los actos humanos, como por ejemplo el deporte.

Así como todo acto comunica, todo acto es político. Sacarse una foto con el presidente de AFA es un mensaje político. Aplaudir al presidente de Estados Unidos en la Casa Blanca, como lo hizo Lionel Messi, es un acto político. No haber asistido a ese acto también hubiera sido política. Decir que no se hace política, es hacer política. No hablar de ciertas cosas, no meterse en determinadas discusiones y eludir debates, también es hacer política.

Ser apolítico no es una opción para el ser humano. Al menos así lo pensaba Aristóteles, que sostenía que solo las bestias y los dioses podían vivir por fuera de la comunidad. Eso sí, la premisa de la apolítica siempre está latente. Hay épocas -como la actual- en la que brota cual lava tras una erupción. Quien escribe estas líneas escuchó autodefinirse como apolítico al referente de una nueva agrupación política estudiantil de la Universidad. El oxímoron anterior da cuenta de los tiempos que corren, tiempos a los que no son ajenos los integrantes de la “Scaloneta” y su cuerpo técnico.

La política va mucho más allá de lo partidario. Algo que a veces no terminan de comprender quienes se autodefinen como apolíticos. Como si ser radical o peronista fuese político y decidir no formar parte de estás agrupaciones no lo fuera. La política no solo se hace en el Estado, como suelen argumentar desde los sectores presuntamente apolíticos. Despedir trabajadores o resignar ganancias es una decisión política que toma el dueño de una empresa. Por mucho que quieran disimular, política hacen la FIFA o el COI. Si no, pregunten a los atletas rusos, que llevan más de un lustro sin poder competir bajo su bandera por bombas que ellos no tiraron.

El deportista no tiene la obligación de opinar sobre política. Mucho menos la de convertirse en un referente político. Si debe saber que esquivar el bulto en ciertos temas, no implica no hacer política. No meterse o quedarse callado, también son actos políticos. “Política” -canta Raly Barrionuevo- “hacemos todos al caminar”.

 

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