Ritos, hábitos, rutinas y otras hierbas se repiten ante cada partido de la selección. Una palabra en hebreo que se convirtió en una clave para entender como se vive el fútbol en Argentina
“Pasame el control remoto que hay que cambiar el canal”, dice el cuñado de quien escribe estas líneas, en el preciso momento en el que se cumplen los 19 minutos del primer tiempo del duelo entre Argentina y Suiza por los cuartos de final del mundial. Su hijo vestido de manera idéntica a los partidos anteriores -camiseta de la selección, sobre un buzo azul y otra remera blanca manga larga abajo, un jogging verde, un par de medias celestes y unas zapatillas negras con abrojos- se levanta y recoge el instrumento de la punta derecha de la mesa ratona. En el sillón, todos ocupan el sitio en el que estaban en los encuentros pasados. “Hicimos lo mismo con Argelia por qué llegaba tarde y nos enteramos del gol antes por el vecino”, explica cuando el único extraño en el lugar -el autor de estas líneas- lo mira con lo mira fijo. Sentado en una silla al costado del sofá, siente que está desequilibrando la escena. Asegurar su presencia durante el partido fue el fruto de una ardua negociación. El gol de Julián Álvarez lo salvó de que lo tildaran de mufa.
Cómo serán de importantes las cábalas en el fútbol que hasta una publicidad tienen en este mundial. Desde hace un mes, las escenas se repiten en la mayoría de las casas en Argentina. Hay que hacer todo exactamente igual a lo que pasó en Catar hace tres años y medios, por ejemplo usar la misma ropa. Ahora ¿de donde viene esa ocurrencia de creer que el resultado de un partido de fútbol que se juega a miles de kilómetros de distancia depende del color de un calzoncillo?
El origen de la cávala es un mixeo entre religión, paganismo y psicología. El origen etimológico es hebreo: Kabbalah. La expresión refiere a recepción. Implica una serie de ritos de transmisión oral que permiten acceder a un conocimiento. Cómo con casi todo, el tiempo lo fue llevando a convertirse en un término que alude a lo místico. La posibilidad de predecir o controlar lo que viene a través de un cálculo oculto. Así fueron apareciendo rituales y señales que se asocian con determinados hechos. El “elijo creer”, no es otra cosa que una variante moderna de que ver un número determinado de gaviotas volando alineadas era señal de que podía haber pique.
“Hay que verlo así”, postea un conocido de quién escribe en Instagram. En la foto se lo ve con una musculosa de los Toronto Raptors de Vince Carter, una malla gris con una trama de palmeras, unas crocs blancas y un vaso de fernet transpirado en su mano derecha. La escena provoca algo de ruido. No por la combinación, sino por que el termómetro marca menos de diez grados. Pero claro, la cávala marca que hay que vestirse igual que el 18 de diciembre de 2022 y a ella no toma en cuenta cosas tan banales como las estaciones o el clima. Se trata de hacer lo mismo, de repetir cada uno de los pasos que se llevaron a cabo el día en que la fortuna nos sonrió. La psicología conductista dirá que la cuestión de las cábalas se explican con el ejemplo del perro de Pávlov. Así como los caninos entendían que el sonido de una campana implicaba comida, los hinchas interpretan que determinados ritos implican un triunfo de su equipo.
“Dicho así suena muy básico”, reprocha la psicoanalista del autor de estas líneas. Mientras quién escribe no tiene claro si es correcto gastar una sesión en temas tan insubstanciales, la profesional explica otra forma de entenderlo. Quien realiza la cávala tiene en claro que su ritual no tiene impacto en el partido, pero la lleva a cabo para reducir la incertidumbre. El ritual calma la ansiedad, la ansiedad de no poder controlar todo el escenario.
Por mucho que uno intente dominar las distintas variables de una situación, siempre hay imponderables que pueden alterar el resultado. Si hay ansiedad en cuestiones que dependen de uno mismo, esta se multiplica cuando no tenemos nada que ver con el evento. Cumplir con la cávala da la sensación -aunque sea mínima- de haber hecho todo lo que estaba al alcance. Caminar por las mismas cuadras la mañana anterior al partido no va a hacer que De Paul corra más y mejor, pero genera calma ante lo inesperado.
Las cábalas no solo son de los hinchas, los deportistas también las tienen. Rafael Nadal no pisaba las líneas de la cancha en los cambios de lado, no fue ni es el único. De Paul y Paredes convirtieron a su afición por los caramelos en una marca de la Scaloneta. La selección del ´86 -al decir de Andrés Burgo en su libro El Partido– era en una cávala andante. Canciones, asientos, reuniones, todo estaba armado para repetirse antes de cada partido. La explicación suele ser igual a la de los simpatizantes: se trata de no cambiar algo que funcionó. Luis Scola, sin embargo, tiene una explicación distinta. Mezcla de filosofía oriental y racionalidad occidental, el ex capitán de la selección argentina de básquet declaró alguna vez que no tenía cábalas, sino que eran hábitos. Una rutina que le indicaba al cuerpo lo que estaba por pasar. Respiraciones o movimientos que se pueden hacer antes de ejecutar un tiro libre y que les indican a los músculos que se tiene que preparar para llevarlo a cabo. En el decir del pivote, rutina no es lo mismo que rito.
Mientras los bocinazos dominan la madrugada del domingo, el autor de estas líneas esgrime algunas de estas explicaciones a su familia política. Trata -sin demasiado éxito- de explicar que una derrota de Argentina ante Inglaterra no tendrá nada que ver con no repetir la cávala de este partido. Por mucho que su sobrina diga “Porfi”, de ninguna manera interrumpirá sus vacaciones por un partido de fútbol.
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