La era de la impaciencia

Un hit setentoso de Bonnie Tyler pasó de ser tabú a convertirse en el cantito más entonado en las canchas del fútbol argentino

“ÚLTIMO MOMENTO. El track “Jugadores…LCDSM, suena en la cancha de…”, anunciaba hace una década atrás, la extinta cuenta de Twitter NFLParatodos. Con ironía, anunciaba goles y novedades del fútbol argentino. Entre ellas, daba el alerta cuando de las canchas surgía este famoso cantito. Era noticia porqué no aparecía muy seguido. Daba cuenta de una situación que no daba para más. Hoy, no sería una alerta. Se escucha en todas las canchas y desde las primeras fechas.  

Antes era un tema tabú dentro del cancionero de las canchas argentinas. No se la usaba mucho. No iba con la famosa cultura del “aguante”. Se suponía que la hinchada estaba para alentar, bancar, soportar, insuflar ánimo a su equipo, sin importar lo que pasara en el campo de juego. No insultar a los jugadores era un mérito, algo de que jactarse. Entonarla significaba ganarse la cargada del resto. Esta no solo llegaba por el mal andar del equipo, sino también por la falta de “aguante” de los que estaban en las tribunas.

Cantarla traía consecuencias, por eso no se la incluía en el repertorio así como así. Ponerla sobre la mesa no era una decisión que se tomara a la ligera. Había que tener en cuenta el momento, el partido, el rival y la situación. En los torneos cortos de finales de la década de 1990 y principios de los 2000, se oía después de la fecha 11 o 12 y no en todas las canchas.

Las hinchadas de los llamados equipos grandes la cantaban un poco más seguido. Sobre todo cuando sentían que un plantel no estaba a la altura de lo que ellos entendían como el nivel histórico de su camiseta. Aparecía ante una seguidilla de derrotas, una campaña que los encontraba navegando de mitad de tabla para abajo o ante la inminencia de una pelea por no descender. Ni hablar si en ese contexto se daba un mal partido ante un equipo recién ascendido.

La adaptación del hit de Bonnie Tyler It’s a Heartache (algo así como “dolor de corazón”) es perfecta. Define rápido al destinatario: los jugadores. Después viene el insulto, por qué si no, no sería argenta. Sigue un imperativo (poner huevos) con tono de amenaza (A ver…). En el cierre está la puñalada. El golpe al propio a través de la degradación del rival. Por que lo que duele no es el improperio a la madre o a la hermana. El protagonista ya está curtido en ese sentido. Es la comparación con la inexistencia del otro la que pega. Tu actitud ni siquiera alcanza para superar a un nadie.

Escrita por Ronnie Scott y Steve Wolfe en 1977, Tyler la grabó en su segundo albúm de estudio. Habla de un desamor en el que una de las partes deja tirado a la otra, mostrando desinterés. No está claro cuando llegó a las tribunas. En su libro Canten Putos, Manuel Soriano rastrea el origen de la adaptación y descubre que tiene una segunda estrofa que quién escribe este texto nunca hoyó y es más dura todavía. Tilda de mercenarios a los jugadores y los invita a dejar “a los gatos” (las canciones de cancha no tienen corrección política).

La versión completa de la adaptación de It´s a Heartache

La canción quedó asociada al periplo de River por la B. Aunque ya se había escuchado mucho antes. La situación sí que no daba para más. La institución con más títulos a nivel local no hacía pie en la segunda división del fútbol argentino ante equipos como Boca Unidos de Corrientes o Guillermo Brown de Puerto Madryn. Había un motivo claro para que cayera desde los balcones del Monumental.

Los tiempos cambian. La era de la impaciencia está en su apogeo. El domingo, la melodía de Scott y Wolfe se bajó desde las tribunas del Mario Kempes. La cantó la hinchada de Instituto, un equipo que venía de ganar siete de los últimos nueve puntos y marcha undécimo en su zona, a tres puntos de los puestos de clasificación a playoffs. Sólo uno por detrás de Boca. La Gloria está transitando su séptima temporada en la Primera División en los últimos 35 años. Perdió ante Unión de Santa Fe, escuadra que en el mismo lapso estuvo 25 temporadas en la A y marcha tercero en el grupo. Ergo, ni la situación era acuciante, ni el rival era nadie.

El cantito sonó en La Paternal. Los hinchas de Argentinos le hicieron tronar el escarmiento a un plantel cuyo pecado fue ser subcampeón de Copa Argentina y quedar afuera de un repechaje de Copa Libertadores, ambas en los penales. El Bicho, que está clasificando a playoffs, ganó un título en los últimos 40 años. En ese lapso, estuvo cuatro años en la B y jugó promociones.

Hay otros ejemplos, como el de Independiente el sábado que le metió tres tiros en los palos a Central Córdoba y aún así recibió el “jugadores…”. En Río Cuarto la cantó la hinchada de Atenas, cuando el equipo de Gastón Leva no arrancó bien en 2025. Era recién la cuarta fecha. Ese mismo platel al que se lo acusaba de no poner lo que hay que poner, terminó entre los ocho mejores equipos del torneo. El año pasado este cronista recuerda a la hinchada de Atlético Tucumán entonando la canción ante un “nadie” que no era nada más y nada menos que River. No vaya a ser cosa que pase lo mismo el 22 de marzo en el Candini.

La impaciencia consiguió que el tabú se convirtiera en himno. Cantarla, ya no genera vergüenza. Es más, parece generar satisfacción. Como si la descarga de furia fuera el motivo por el cual se va a la cancha. Hay cierto goce en la proliferación del insulto. Ya no es aquel golpe sobre la mesa cargado de sentido al estilo del “Que se vayan todos”.  

Hay quienes valoran que el hincha argentino siempre cree que su equipo puede ser campeón. No hay nada más irracional que la ilusión que provoca la pasión. El problema es que ahora todo parece desbocado. Todo tiene que ser ya. Todo tiene que ser perfecto. La impaciencia quita perspectiva. Es el árbol que no deja ver el bosque. Ni siquiera en este torneo que da más chances que ninguno. Hay que terminar entre los ocho en una zona de quince. El año pasado los campeones ganaron sólo nueve de los 20 partidos que jugaron. Los simpatizantes viven en un estado de inconformidad incesante. Nada las consuela. Padecen de un dolor de corazón constante.

 

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