Cualquiera puede ser campeón
En el fútbol argentino la paridad es un velo que esconde la falta de jerarquía de los equipos que se coronan. La conquista de un título debería ser el resultado de algo más que solo cuatro partidos
No está bueno que cualquiera pueda salir campeón. El campeón de un torneo debería tener características que lo diferencien de la mayoría de los equipos, no ser uno más. No se trata de una cuestión de merecimientos, sino de jerarquizar un título.
Desde hace mucho tiempo (el autor de estas líneas tiene casi 40 años y lo escuchá desde que tiene uso de razón) la característica que se le celebra al fútbol argentino es su paridad. Cualquiera le gana a cualquiera, cualquiera puede salir campeón. Según los diccionarios, “cualquiera” quiere decir una persona o cosa indeterminada, uno u otro, sea el que sea, da lo mismo. Según esas mismas fuentes, “Campeón” es aquel que obtiene la primacía, el que se destaca, el mejor de una competición. Así, decir que cualquiera puede ser campeón, es casi un oxímoron.
Destacar que “cualquiera puede ser campeón” es bajar un mensaje que esconde el hecho de que no importa cómo se hagan las cosas, igual hay posibilidades de ganar un título. El formato actual del torneo de la Liga Profesional exacerba esta idea. Un equipo que finaliza por debajo de la mitad de la tabla (octavo de quince), después de una sola rueda y jugando contra dos rivales distintos que el resto de sus competidores tiene las mismas chances de ser campeón que el que termina primero en esa misma tabla.
Los playoffs no son la mejor manera de definir un torneo de fútbol. Si bien suman emotividad, deslucen el nivel y restan justicia. Al definirse todo en 90 minutos, el riesgo que se corre es muy grande y los equipos prefieren arriesgar menos. Los playoffs son el reino de la especulación. Al contrario del básquet, el vóley o el rugby, el fútbol es un deporte ilógico. Un equipo puede hacer las cosas mucho mejor que el otro y perder. El azar juega un papel crucial, sobre todo en definiciones a un solo partido, con penales de por medio. No siempre gana el de mayor jerarquía.
“Es un torneo de cuatro partidos”, repitieron varias veces Favio Orsi y Sergio Gómez, técnicos del Platense campeón del Apertura. Para ser campeón hay que hacer lo suficiente para entrar entre los 16 que juegan playoffs y después no perder (ni siquiera ganar) ante cuatro rivales. Si bien hay mérito en atravesar esos cuatro obstáculos, parece poca exigencia para quedarse con un título de liga.
Las principales ligas de fútbol del mundo se juegan a dos ruedas con el formato de todos contra todos. Se premia la regularidad: medirse con la totalidad de los rivales, de local y visitante y sostener el nivel durante un lapso importante de tiempo. Ser campeón no depende de una racha, sino de un proceso.
Cierto es que en ese tipo de campeonatos suelen salir campeones los de mayor billetera. Quienes defienden el formato argentino sostienen que es mejor porque otorga más posibilidades a los equipos más humildes de salir campeón. Quien escribe estas líneas está lejos de defender modelos como el de la liga española o la alemana, pero títulos como el de Platense, producto sólo de cuatro partidos, no parecen cambiar la lógica de poder en el fútbol argentino. Son logros a corto plazo que no modifican estructuralmente a las instituciones con menos recursos. En vez de favorecer procesos que les permitan sentar bases de crecimiento a largo plazo, la AFA entrega alegrías efímeras e ilusorias. El “Calamar”o Colón de Santa Fe son una muestra. El equipo de Vicente López terminó último en su zona menos de un semestre después del título y el “Sabalero” descendió apenas dos años después de su primera coronación.
La competitividad debería ser planteada hacia arriba. Se trata de buscar la manera de que los cuadros denominados “chicos” alcancen a los grandes en la cima con proyectos que les permitan crecer. Los topes salariales y la distribución de fondos asoman como formas diferentes de aumentar la paridad. Quizás, se puede cambiar la lógica discursiva: pasar de “cualquiera puede ser campeón” a “todos tienen las mismas posibilidades de salir campeón”.
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